Estados Unidos derrotó con autoridad por 4-1 a Paraguay en su debut mundialista en un partido que, desde el primer minuto, dejó claro el contraste entre ambos equipos. El conjunto norteamericano impuso ritmo, presión alta y una circulación de balón mucho más dinámica, obligando a la Albirroja a replegarse y resistir como podía.
El gol que abrió el marcador llegó tras una jugada colectiva impecable: recuperación en mitad de cancha, transición rápida y definición quirúrgica dentro del área. Ese tanto no solo desarmó a Paraguay, sino que fortaleció la confianza estadounidense, que a partir de allí manejó el encuentro con madurez.
Paraguay intentó reaccionar, especialmente a través de balones largos y alguna aparición aislada de sus delanteros, pero se encontró siempre con una defensa estadounidense muy bien plantada y un mediocampo que ganó casi todos los duelos.
Estados Unidos fue superior en intensidad, en ideas y en ejecución.
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